Personalmente, la verdad es que hay una enorme cantidad de clásicos, la mayoría, me temo, que no he leído nunca. Y ya estoy cerca de los treinta. Falta de tiempo, otras lecturas y sobre todo flojera han sido los motivos principales. Lo reconozco con algo de vergüenza, porque tengo ciertas aspiraciones de, algún día, escribir algo que valga la pena, y considero mi obligación conocer los libros fundamentales.
Por eso me motiva encontrar reflexiones como ésta:
Empecemos proponiendo algunas definiciones.
1. Los clásicos son esos
libros de los cuales se suele oír decir: «Estoy releyendo...» y nunca «Estoy
leyendo...».Es lo que ocurre por lo menos entre esas personas que se supone «de
vastas lecturas»; no vale para la juventud, edad en la que el encuentro con el
mundo, y con los clásicos como parte del mundo, vale exactamente como primer
encuentro.El prefijo iterativo delante del verbo «leer» puede ser una pequeña
hipocresía de todos los que se avergüenzan de admitir que no han leído un libro
famoso. Para tranquilizarlos bastará señalar que por vastas que puedan ser las
lecturas «de formación» de un individuo, siempre queda un número enorme de obras fundamentales que uno no ha leído.
Alguna razón tendrá Ítalo Calvino, autor de la cita, y eso me tranquiliza. Me tranquiliza.
Puede leerse el texto completo dando clic sobre estas palabras.
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