Antes de empezar, quiero decir que me considero melancólico de toda la vida. Esto no se ha ido acentuando con la edad, ni me parece malo. Simplemente, como dicen que dicen los budistas, es.
Una vez manifestado lo anterior, comienzo.
¿Existe alguien a quien no le guste viajar? Personalmente, cerrar ventanas, poner un vaso con agua en la puerta (costumbre de mi madre que sigo sin cuestionamientos), cerrar las llaves del gas y del agua, y abandonar mi casa temporalmente es algo que disfruto muchísimo. Hace tiempo, cuando era un joven de 23 años, pensé que mi vida podía seguir la ruta de los que caminan el mundo, mochila al hombro, quedándose donde pueden y trabajando en lo que sea, con el único objetivo de llegar al siguiente punto. Me imaginaba volviendo a casa flaco, con la cara cambiada y con una maleta llena de recuerdos, o quedarme por ahí, donde fuera, viviendo la aventura día tras día. Llamar a mi madre y que me preguntara ahora dónde estás y decir, cada vez, que en un lugar distinto. Ese era mi sueño.
Pero nada de eso pasó. Mi viaje más largo duró apenas tres meses y hace más de dos años que no salgo. En vez bajar subí de peso y mi cara ha cambiado, pero no tanto como yo quería o no del modo que yo quería. Sí he realizado salidas cortas por cuestiones laborales, pero esas no cuentan porque no me saben igual. Con todo, siento que los viajes han sido parte de mi vida y que mi vida es lo que es, en parte, gracias a ellos.
Recientemente me encontré con estas palabras de José Ortega y Gasset, en un libro que se llama El Espectador. Las negritas son mías:
La vida es un viaje, decían los ascetas (…) ¿Por qué decían esto? ¿Por qué elegían ese trozo de la vida –un viaje- como metáfora sustancial de la vida entera?
Cuando viajamos se eleva a su última potencia el carácter de fugacidad que es propio a nuestra relación con las cosas. Rodamos sobre ellas y ellas sobre nosotros: sólo nos tocan en un punto, en un instante de nuestra persona, de modo que por blandas, suaves y redondas que sean, su contacto con nosotros tiene siempre algo de punzada, de pinchazo doloroso. Al tiempo que decimos "ya vienen, ya vienen" a este pasaje, a esta amistad, a este acontecimiento, tenemos que ir preparando los labios para decir "ya se van, ya se van". Torres Quevedo debiera inventar un ancla para anclar los minutos. Porque es una pena esta manía de huir que las cosas tienen.
Podría pensarse que las cosas son por esto despreciables, a lo que Ortega y Gasset responde:
¡Hombre no! Despreciables, no; todo lo contrario. Precisamente porque son cosas maravillosas su huida apresurada nos deja en el corazón cicatrices. Si las cosas todas fueran dolores de muelas, la fugacidad de la vida sería su mayor mérito.
De veras es curioso cómo los momentos más felices son los que más duelen cuando se los evoca. Al menos así me pasa a mí. Ya ven, como dije antes de empezar, que soy melancólico de toda la vida, lo cual no es ni bueno ni malo, simplemente es.
Les dejo un video que me puso a pensar en esto. La música no me encanta, pero cumple su propósito.
The Longest Way 1.0 - one year walk/beard grow time lapse from Christoph Rehage on Vimeo.
Mandrilin, el viaje mas intenso y difícil de realizar es el interno. Nadie sabe lo que encontrará hasta que realmente lo empiezas..... lo mejor es que una vez iniciado no hay un final es eterno....
ResponderEliminarEsto lo vi hace mucho tiempo en un libro como anónimo y lo tengo muy grabado"Los sueños mueren el día que das tu último suspiro"
Creo que es tan fundamental y parte de la vida, que hay que ponernos objetivos claros y a corto plazo.
ResponderEliminarCómo demonios puedes decir que la música no te encanta?, yo creo que es lo que me hace funcionar, lo que me motiva diario. Talvez es por que es parte fundamental de mi vida diaria.
Qué significa lo del vaso de agua atras de la puerta?
Hola, Tatiana. Qué gusto verte por aquí.
ResponderEliminar¡Me refería a la música del video, no a la música en general! La música también es fundamental para mí, pero la que escogieron para el video me parece una mezcla entre el Último Samurai y Walt Disney, y me da la peor hueva.
Lo del vaso con agua tiene el efecto mágico de alejar a los rateros y las malas vibras, según mi mamá.
Saludos!